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Paciencia

Ms. Fernanda Pereda / Preschool & Lower Elementary Principal

Uno de los recursos emocionales que más hemos tenido que desarrollar desde que inició la pandemia ha sido la paciencia. De acuerdo a una de las definiciones de la  Real Academia Española, la paciencia es la “Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse.” 
Somos una generación de adultos que mantenía un ritmo acelerado de vida, sobrecargado de actividades físicas y sociales con las cuales cubríamos nuestra rutina diaria. Estábamos acostumbrados a la retroalimentación y recompensa inmediata. Ejemplo: Buscamos en internet lo que queremos saber o conocer y la respuesta la tenemos  en segundos. Enviamos un correo y queremos respuesta al instante; publicamos algo en alguna red social y en segundos o minutos ya estamos recibiendo Likes. Somos la generación que tuvo a su alcance la comida rápida, las compras por internet y que ya no hace fila para hacer depósitos o pagar recibos La paciencia  dejó de ser una de las habilidades necesarias en nuestra generación, dejó de cultivarse desde hace mucho tiempo y por ende en nuestros hijos dejamos de desarrollarla. 
Sin embargo, hace más de un año, la pandemia dijo ALTO, los tiempos de crecimiento económico familiar fluctuaron, los viajes se postergaron y el avance académico y extracurricular de nuestros hijos dejó de ser algo que estuviera bajo nuestro “control”. Tuvimos que aprender a poner en espera o de plano olvidarnos de nuestros planes. Aunado a este cúmulo de pruebas a nuestra tolerancia contra la frustración, nos vimos en la necesidad de cuarentenarnos con altos detonadores de impaciencia; Distance Learning, Home Office,  trabajo on site que no permite cuidar a los niños en casa,  encierro, aislamiento, preocupación y/o problemas de salud y si a eso sumamos cosas tan triviales pero super desgastantes como lo es la limpieza y orden del hogar, este proceso se tornó en una verdadera prueba. Nuestra paciencia ha llegado a su límite constantemente lo que nos ha llevado a reaccionar de manera errática en ocasiones con nuestros hijos, familiares y amigos. 
Hoy nos toca desempolvar una habilidad olvidada pero sumamente necesaria, la paciencia. Pero si yo no soy paciente, ¿qué hago? 
1. Primero que nada, rompe con la mentalidad fija de que no eres paciente, de que no se te da o de que es imposible contenerte. Como humanos tenemos la capacidad y responsabilidad de buscar nuestra propia mejora continua. Tú puedes, rétate a diario, un paso a la vez y si fallas, vuelve a intentarlo. 
2. Reconoce tus detonadores. ¿Qué detalles de mi rutina diaria me alteran? ¿El desorden, el ruido, la falta de espacio personal, las preocupaciones económicas, la incertidumbre, apoyar a mi hij@ en sus clases? Define tus detonadores y anótalos en una libreta para que ya no ocupen espacio en tu mente únicamente. 

3. Reconoce las emociones y reacciones fisiológicas que experimentas cuando te enfrentas a cada uno de los detonadores que anotaste. Ejemplo: Cuando mi hijo no entiende los temas de la clase en línea siento enojo y ganas de levantar la voz, mi respiración se agita y mi pulso se acelera. 
4. Cuando te enfrentes a esa situación y reconozcas esas emociones o reacciones, DETENTE, INHALA y EXHALA repetidamente con completa conciencia de tomar mucho aire y liberarlo. Cuestiónate lo siguiente:  ¿Esto está dentro de mi control? ¿requiere y merece mi desgaste? ¿puedo hacer algo al respecto? ¿estoy por decir algo que va a lastimar a alguien más o me va a generar problemas? Retírate del detonador si es posible. 

5. Finalmente, actúa, si lo que te generó el desgaste de paciencia fue la incertidumbre de que tu hijo aprenda, primero reconoce que el aprendizaje no la vas a lograr de manera inmediata, que es un  procesos que va a tardar y que no está en tu control. Toma acción, por un lado tienes que inciar. Pide ayuda pero de manera tranquila a los maestros, en el pedir está el dar y de poco en poco nota cómo tu ritmo cardiaco y tu respiración se va relajando. Si en ese momento, no puedes ocuparte en resolver el problema, anotalo en algún lado o programa una alarma que te recuerde que eso lo vas a hacer más tarde, que tú y el problema pueden esperar. 
Sé que parece sencillo decir que tengas más paciencia, pero en la realidad no lo es. Ten paciencia contigo mismo, si no lo supiste manejar, no te flageles ni te justifiques, velo como el proceso de una dieta alimenticia, no porque la hayas roto en la mañana quiere decir que vas a tirar todo el esfuerzo del día. Proponte ser más consciente de tus emociones y reacciones futuras. la paciencia sí es una actitud, virtud y valor que se puede desarrollar, enfoca tu atención a lograrlo.

Nos queda tiempo por recorrer y frustraciones por seguir experimentando, no hay una solución mágica para lo que nos falta vivir. La mejora depende solo de uno mismo y de nuestro deseo por vivir en armonía.

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